Elimina estos malos hábitos con estos 4 trucos psicológicos

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Fumar, comer de más, comerte las uñas o desperdiciar las horas en YouTube; cualesquiera que sean tus malos hábitos, existe una gran posibilidad que hayas tratado de dejarlos en algún punto de tu vida, y quizás incluso hayas logrado dejarlo después de unos cuantos meses de ejercer una fuerza de voluntad extrema.

Pero si tiendes a encontrarte buscando galletas en la alacena justo dos horas después de haberte prometido que ibas a comer más sanamente, no estás solo.

De acuerdo a una investigación del Diario de Psicología Clínica, aproximadamente 54% de las personas que deciden cambiar sus hábitos no logran que la transformación dure más de 6 meses, y la persona promedio hace el mismo propósito hasta 10 veces sin ningún éxito.

¿Qué es lo que hace difícil hacer cambios que duren en nuestra conducta y actitudes?

Los científicos psicológicos creen que la clave para eliminar los malos hábitos está en entender nuestros patrones mentales y en trabajar con el cerebro en lugar de trabajar contra su sistema natural de procesamiento.

Así que la próxima vez que estés tratando de dejar un mal hábito, dales una oportunidad a estos trucos basados en la psicología.

1.   Encuentra la razón por lo que la haces y en qué momentos.

Por lo general existe una razón para tus malos hábitos, como aburrimiento o estrés, y si pones atención, te darás cuenta de que todos tus vicios están atados a ciertas situaciones o rutinas.

Estos malos hábitos también por lo general traen una recompensa: fumar te quita el estrés, y perder tiempo en internet distrae tu atención temporalmente.

Identificar cómo tus vicios te están recompensando, así como los momentos en los que ocurren es el primer paso para eliminarlos de tu vida por completo.

Por ejemplo, puedes darte cuenta de que consumes más alcohol cuando estás cerca de ciertas personas, o quizás tiendes a comer de más cuando estás solo en tu casa. Saber lo que desencadena cierta conducta puede ayudarte a diseñar las estrategias correctas para cambiar estos patrones no saludables.

2.   Encuentra un hábito de reemplazo

Las investigaciones demuestran que es mucho más efectivo reemplazar un mal hábito con uno menos malo que simplemente eliminar de un tajo el viejo hábito.

¿Por qué? Reemplazar un hábito toma menos esfuerzo mental que completamente eliminarlo, y lo creas o no, la fuerza de voluntad es un recurso limitado.

Una vez que hayas descubierto cómo te están recompensando tus vicios, puedes establecer nuevos hábitos que te recompensen de la misma manera, pero sin los efectos secundarios negativos, o al menos, menos efectos secundarios.

Por ejemplo, si necesitas mejorar tu dieta, hacer un esfuerzo para cambiar tus snacks a fruta en lugar de comida chatarra, sería mucho más fácil que dejar de comer snacks, y remplazar tu break para fumar con alguna actividad menos dañina, como comer un pequeño snack, sería mucho más efectivo que no hacer nada.

3.   No trates de reprimir tus pensamientos

Cuando están tratando de eliminar un mal hábito, la gente normalmente trata de pensar en todo menos en esa actividad, lo que lleva, claro, a no pensar en otra cosa que en esa actividad.

¿Por qué? Los estudios demuestran que cuando tratamos de reprimir pensamientos, éstos regresan más fuertemente, porque nuestro subconsciente no diferencia entre “sí” y “no” y entonces se fijará en aquella cosa que estamos tratando de ignorar con todas nuestras fuerzas.

Los psicólogos llaman a este fenómeno la “teoría del proceso irónico”.

Por ejemplo, si alguien te dice que no pienses en dinosaurios rosas, inmediatamente empezarás a pensar en ellos. Si te dices a ti mismo que no pienses en fumar, todo lo que vas a poder pensar es en salir a fumar, y entonces empezarás a ver la tentación en todos lados.

4.   Haz cambios en tu rutina o en tu ambiente

Las nuevas situaciones te vuelven más conscientes de tu conducta y tus elecciones, así que cambiar algo en tu rutina o tu ambiente, incluso si no está directamente conectado con el hábito que estás tratando de romper, puede hacer más fácil el aceptar nuevos hábitos.

Es por esto que los grandes cambios como mudarse a una nueva ciudad o acabar una relación están normalmente acompañados por pequeños cambios, como ejercitarse más frecuentemente o seguir una nueva dieta.

Un estudio publicado en el Diario de Personalidad y Psicología Social encontró que un nuevo ambiente puede eliminar las guías automáticas para realizar ciertos hábitos y ayudar a la gente a tomar nuevas o diferentes decisiones acerca de sus rutinas diarias.

Incluso los cambios pequeños pueden hacer una gran diferencia. Por ejemplo, si tiendes a comer de más mientras ves la televisión, haz un esfuerzo por sentarte en la mesa y apagar la televisión durante las comidas para que seas más consciente de tus hábitos alimenticios.

Fuente: MindBodyGreen