Los 11 Hábitos de las Personas Que Nunca se Preocupan

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La preocupación es, tristemente, una parte inevitable de la vida. Cosas malas pueden suceder, y la reacción natural humana es pensar en las consecuencias negativas que potencialmente pueden surgir.

Sin embargo, la preocupación es raramente productiva —“es algo que hacemos una y otra vez, sin mucha resolución, y típicamente es sobre el peor escenario en el futuro,” explica Jason Moser, Ph.D., y profesor asistente en el Departamento de Psicología de la Universidad del Estado de Michigan, quien ha conducido estudios sobre la preocupación.

“Siempre hay un elemento de incertidumbre, siempre un elemento catastrófico,” dijo a HuffPost. Contrario al miedo, que tiene una fuente más tangible (como una araña en la pared), las personas se preocupan por “una amenaza amorfa en el futuro —algo malo que podría suceder.”

Mientras la investigación no es clara al punto del porqué las personas están predispuestas a la preocupación, es claro que hay algunos tipos de personalidad que están más ligados a la preocupación que otros. La neurosis parece estar ligada a la preocupación, por ejemplo, y en general es la intolerancia a la incertidumbre, dijo Moser. Y mientras que todos nos preocupamos de vez en cuando, es posible preocuparse tanto que comience a ser un impacto notorio en tu vida diaria.

Pero aun si eres un preocupado, no estás condenado, hay un número de estrategias efectivas que los preocupados pueden usar para frenar el ciclo. Moser y Christine Purdon, Ph.D., y licenciada en psicología, profesor y director ejecutivo del Centro para la Investigación de la Salud Mental de la Universidad de Waterloo, comparten algunos de los hábitos más eficientes y las estrategias para acallar la preocupación, así como rasgos comunes compartidos por las personas que no se perturban por ella:

Se enfocan en el presente.

Tal vez una de las grandes diferencias entre los preocupados y los no-preocupados es la habilidad de estar en el presente, y no perturbarse por cosas que no hayan sucedido. Purdon lo llama una “cadena de preocupación” —la idea de que una preocupación dispara un “y qué tal si,” lo que dispara otra preocupación y otro “y que tal si,” y así sigue. Los no-preocupados son capaces de mirar al problema y reconocer qué soluciones necesitan implementarse, “pero un preocupado no es capaz de tomar esta distancia,” explicó. “La mente viaja mucho más rápido.”

Por ejemplo, imagina que tu hijo llega a casa con una mala calificación. Si eres un preocupado, tal vez te preocupe que esto haga que tu hijo repruebe la clase, lo que luego le impedirá llegar a la universidad. Sin embargo, si eres un no-preocupado, te darás cuenta de que un asunto inmediato y a la mano es lo que tu hijo necesita para estudiar mejor en esta clase en particular — y eso es todo. “Soy capaz de decir, ´Normalmente lo hace muy bien, es listo, es dedicado, estará bien; esto es un asunto, no un patrón,” dijo Purdon. Mientras que cuando los preocupados se vuelven ansiosos, su “enfoque intencional se reduce a las señales de amenaza. Ellos pueden ponerse muy ansiosos muy rápido.”

Practican Mindfulness.

Porque el estar en el presente es fundamental para acallar la preocupación, practicar mindfulness puede ayudarte a mantener tu foco fuera de un problema hipotético que pudiera desarrollarse en el camino. “Te mantiene en el aquí y el ahora y te ayuda a darte más cuenta de tus pensamientos,” dijo Purdon.

Y la terapia, como la terapia cognitivo conductual (CBT) y la terapia de aceptación y compromiso, pueden ayudar a los preocupados a frenar su ciclo negativo, desde que se enfocan “en la idea de no lugar e incomodarse con las preocupaciones, sino a que la gente mantenga su enfoque en su vida y sus valores y en el momento presente para que puedan tomar decisiones,” añadió Moser.

Sus cerebros de hecho funcionan diferente ante un evento que induce la preocupación.

Moser recientemente publicó un estudio en la Revista de Psicología Anormal, mostrando que el cerebro de los preocupados y los no-preocupados de hecho funciona diferente ante un evento estrenaste. Para el estudio, Moser y sus colegas tuvieron a 71 participantes femeninas que respondieron una encuesta indicando si por lo general eran pensadoras positivas o negativas/preocupadas. Luego, los participantes miraron las imágenes negativas —como una mujer con un cuchillo en su garganta por un hombre encapuchado— y su actividad cerebral fue monitoreada y grabada.

Moser encontró que los cerebros de las pensadoras positivas estuvieron menos activos que las pensadoras negativas/ preocupadas. De hecho, “las preocupadas mostraron paradójicamente un efecto indeseado por sus cerebros cuando se les pidió que disminuyeran sus emociones negativas,” explicó. “Esto sugiere que si tienen un mal momento al tratar de poner un giro positivo en las situaciones difíciles y de hecho hacen que sus emociones negativas empeoren aún cuando se les pide que piensen positivo.”

Están más dispuestos a tomar riesgos.

Mientras que los preocupados tienen un mal rato en tomar decisiones —toman mucho tiempo porque pueden volverse paralizados por todos los potenciales resultados negativos— los no-preocupados están más dispuestos a probar soluciones a problemas aun cuando un resultado negativo sea posible, dijo Moser. En ese mismo hilo, los no-preocupados son más flexibles en la manera como piensan sobre las cosas, así que no se quedan atorados con un pensamiento negativo.

Tienen un sentido de perspectiva.

Los no-preocupados pueden poner distancia entre ellos y la situación para ganar perspectiva. Sin embargo, los preocupados pueden incrementar su perspectiva, explica Moser. Un método apea hacer esto es el pensar en todos los posibles peores escenarios, y luego evaluar qué tan posible es que suceda cada uno de ellos. Por ejemplo: Si un preocupado se preocupa por perder su trabajo, tal vez brinque al peor escenario, que es que ella se quede viviendo bajo un puente, sin hogar y sola. Pero Moser dice que acompañar a un preocupado por un escenario así le ayuda a entender qué tan poco probable es que ese resultado suceda.

Moser sugiere otra estrategia simple para ganar perspectiva: Usar tu propio nombre en lugar de “Yo” cuando te refieras a tus emociones. Por ejemplo, decir “Yo voy a fallar” es duro y no te permite ninguna distancia entre tu y la cosa que te preocupa. Pero “si hablas sobre ti mismo en tercera persona, puedes tomar una mejor perspectiva,” dijo Moser.

Llegan a la raíz de su preocupación.

El problema con la preocupación es que puede volverse fuera de control hasta que la cosa de la que estás preocupado está a 10 lugares de ser la prioridad para resolver. Es por esto la importancia de darse cuenta cual es el problema real para poder frenar el ciclo de la preocupación.

“Cuando trabajo con preocupados, trato de trabajar con ellos en la identificación de su problema, y a ayudarlos a estar más confortables con esto,” dice Purdon. “Si, hay algunos problemas que pueden llevar a algo más, pero no nos preocupemos ahora por eso porque no está sucediendo ahora.”

Es importante moverse de problemas generacionales, algo que los preocupados tienden a hacer, a una resolución de los problemas. “Los preocupados piensan que lo que ellos hacen es constructivo —eso al anticipar (los problemas futuros), les ayuda de alguna manera,” dice Purdon. “Es razonable, hasta cierto punto, hacer eso, pero no pueden frenarse a sí mismos una vez que han comenzado.”

No paran de preocuparse —simplemente dan tiempo para ello.

“Una de las razones por las que las personas se enganchan en la preocupación es que piensan, “Este es un asunto que debo resolver ahora, tengo que anticipar y planear los resultados.” Eso atrapa la atención de lo que necesitan estar atendiendo, ya sea su trabajo, esposa, hijos, lo que sea,” explica Purdon. Así que, recomienda usar estrategias llamadas “la silla de la preocupación.” Funciona así —reserva unos 15 minutos de tu día para sólo pensar y reflexionar sobre tus preocupaciones tu solo. No te preocupes fuera de esos 15 minutos, y asegúrate de que pases tu sesión de preocupación en el mismo lugar (¡de ahí el término “silla de la preocupación”!) cada día.

“Lo que significa es que cuando estés preocupado durante el día, puedas decir “Pensaré en eso después. puedo cambiar mi atención y mirar a otras cosas,” dijo Purdon. “Y lo que encontramos es, “Ya ni siquiera estoy preocupado por eso.” Pero dar permiso a la preocupación, pero después, les permite cambiar la atención fuera de ese pensamiento.”

Tienen confianza en que podrán manejar lo que sea que les llegue.

“Las personas altamente preocupadas no sólo generan ideas sobre lo que puede ir mal, también les falta confianza en su habilidad de lidiar con lo que pueda ir mal,” explica Purdon, añadiendo que es irónico, considerando que los preocupados de hecho funcionan muy bien durante una crisis pues han pasado mucho tiempo pensando en el peor escenario y tienen habilidades para lidiar con ello normales. Los no-preocupados, por otro lado, tienen confianza de que si algo les pasa, simplemente… lo manejarán.

Tienen la habilidad de ver resultados positivos en situaciones aparentemente desalentadoras.

Toma como ejemplo la imagen de la mujer con el cuchillo en la garganta, ¿cuál crees tu que será el siguiente resultado inmediato? Un preocupado probablemente sólo pensará en el peor escenario, mientras que un no-preocupado tendría la capacidad de pensar, “Esta mujer está en apuros, pero tal vez se escape del asaltante y corra a salvo,” explica Moser. Los no-preocupados son capaces de ver que podría haber un resultado positivo ante un evento negativo.

Se hacen las preguntas correctas.

Los preocupados que tratan de aplacar sus tendencias de preocupación encontraron útil preguntarse a sí mismos una serie de preguntas cuando se van por un camino negativo. “Pregunta, ¿Es mi problema?” Y en segundo lugar, “¿Tengo algún control sobre la situación?,” dijo Purdon. “En tercer lugar, la siguiente pregunta podría ser, “¿He hecho realmente todo lo que he podido? ¿Es inminente? Si no es inminente, entonces no hay razón para preocuparse por ello ahora.”

Saben cómo percibir sus emociones negativas.

“Los preocupados más crónicos y severos aceptan menos sus emociones, lo que significa que son intolerantes a la incertidumbre y también encuentran las emociones negativas en particular no muy aceptables,” explica Moser. Mientras tanto, las personas que tienen un punto de vista más positivo tienden a mirar las emociones negativas como un signo de que lo que sea que las está causando —ya sea estar en ciertas relaciones, trabajo o cuentas— necesita atención. Usan sus emociones para hacer decisiones informadas.


En inglés: http://www.huffingtonpost.com/2014/04/14/dont-worry-strategies-tips-habits_n_5092683.html?ncid=fcbklnkushpmg00000030