Si crees que una caloría es una caloría y no importa de donde viene sigue leyendo

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EL POR QUÉ NO ES NECESARIO CONTAR CALORÍAS

Si crees que una caloría es una caloría y no importa si viene de una hojita verde o de tus galletas favoritas, entonces es tiempo de repensar y analizar qué piensas y qué sabes acerca de las calorías. Contrario a lo que tu mamá, o incluso los médicos te han hecho creer, todas las calorías no son iguales, tal vez creas que vas a perder peso únicamente contándolas, o reduciéndolas y se te quitará el hambre, lo irritable, el mal humor y regresarán las ganas y la emoción que sentías cuando iniciaste una dieta. En vez de tener como objetivo únicamente el quemar y contar calorías, te invito a leer y reflexionar los siguientes puntos acerca de ellas:

1. Todas las calorías “NO” son iguales.

Pensar que todas las calorías son iguales es un concepto anticuado. Por definición, las calorías representan las unidades de energía de un alimento en particular, pero pensar que todas son iguales es como decir que un diamante y una piedra semi-preciosa son iguales porque ambas brillan. Las calorías son como los diamantes, lo más importante y lo que incrementa su valor es la calidad.

2. La comida chatarra o procesada está de sobra mencionar que no es saludable y no importa cuántas calorías tenga.

Las calorías procedentes de alimentos ricos en nutrientes comparadas con las calorías sin nutrientes procedentes de los carbohidratos procesados o refinados tendrán efectos diferentes en el cuerpo. Los alimentos saludables y ricos en nutrientes, nos apoyan en mantener el hambre aplacada, con los niveles de azúcar estables en la sangre, la reducción de antojos, y permiten que el cerebro envíe el mensaje de satisfacción al estómago. Los alimentos pobres en nutrientes tendrán el efecto opuesto, causando estragos hormonales, incremento de insulina, antojos, creando ansiedad por comer de más. En otras palabras: Los alimentos ricos en nutrientes te ayudan a mantener tu peso ideal de forma natural y lejos de la calculadora!!!

 

3. Piensa en la calidad en vez en la cantidad de calorías.

Contar y llevar la cuenta de todo lo que va a tu boca puede ser que te cree la sensación de control y seguridad de tus alimentos, pero eso no quiere decir que estás obteniendo todos los nutrientes que tu cuerpo necesita. Es como preparar tu desayuno con su porción contada de calorías proveniente de alimentos procesados y cocinados en el microondas!!!

Aparte de que estás llenando a tu cuerpo de productos químicos, transgénicos, ingredientes alergénicos y antiinflamatorios, estos alimentos no te dan la suficiente proteína, fibra, grasas buenas o incluso volumen para que te sientas lleno, saludable y feliz. El resultado es que tengas hambre, ansiedad, desnutrición, posiblemente iniciando la primera etapa de una serie de problemas de salud y a lo mejor ni siquiera sepas realmente cuántas calorías consumiste y la calidad de ellas, que eso es peor.

4. Pero mi amigo bajó de peso haciendo la dieta del Sandiwch Ligth del Subway!

No hay excusas, si viste las fotos del antes y después de la dieta de tu amigo, habría que preguntarse: ¿Cómo se alimentaba antes de hacer la famosa dieta del sándwich de Subway? Ponle el nombre que quieras, pero lo único que hizo fue reducir calorías, y si, funciona por un tiempo, pero no es recomendable. Es difícil de hacer, no te hará sentirte lleno de energía y sano en un corto plazo, porque no le estás dando a tu cuerpo los suficientes nutrientes esenciales.

Y lo peor, este tipo de dietas hacen a tu metabolismo lento, y que tu cuerpo guarde reservas de energía y grasa para prevenir una descompensación.

¿Y qué hay que hacer?

Dejar de contar calorías, alimentarse de alimentos densos en nutrientes, consumir productos locales y si es posible y tu presupuesto lo permite, comer orgánico, aves de corral, carne de buena calidad, pescados. Comer hasta que te sientas satisfecho, no hasta que hayas cubierto un número mágico de calorías.

Al comer este tipo de alimentos, tu cuerpo te avisará cuando esté satisfecho y haya obtenido los nutrientes suficientes para su buen funcionamiento. Comer calorías vacías que se encuentran en los carbohidratos refinados como el trigo, granos y azúcar que nos venden en el supermercado nunca lo harán.

5. Tira la calculadora y surte tu despensa con el material adecuado.

Para reducir el apetito, es necesario darle al cuerpo alimentos que llenen el estómago para que se envíe el mensaje de saciedad al cerebro. Existen abundantes pruebas que demuestran que las dietas bajas en carbohidratos, en general funcionan más eficazmente que las altas.

 

Las grasas “buenas” son una excelente opción para la saciedad, tales como las grasas del aceite de coco, de aguacate, de nueces, grasas de pescado, pollo y carnes de buena calidad que ayudan a equilibrar las respuestas hormonales y metabólicas, además de ser deliciosa adiciones a cualquier plato.

Verduras con almidón, que son densos en nutrientes, al tiempo que nos dan la sensación de que ya estamos llenos.

Y, por último, pero no por ello menos importante, son las proteínas, que son extremadamente útiles para crear sensación de saciedad y le dan más energía a el cuerpo para metabolizar. Los tres te ayudarán a reducir el apetito con poco esfuerzo, a la concentración de azúcar en la sangre y con los picos de subidas y bajadas.

¡Todo lo que necesitas hacer es disfrutar de ellos!